La ilustradora mallorquina debuta en la narrativa con Una aventura entre el mar y el cielo. El extraordinario viaje de Escafi y Fosca, una novela juvenil marcada por la fantasía, el realismo mágico y su amor por la imaginación.
Palma, 28 de febrero de 2025. La ilustradora y escritora Enriqueta Llorca (Palma, 1976) ha dado un paso más en su carrera con la publicación de su primera novela, Una aventura entre el mar y el cielo. El extraordinario viaje de Escafi y Fosca (Siruela). Con una trayectoria consolidada en el ámbito de la ilustración, Llorca ha trabajado en diversos formatos, desde el cómic hasta el libro ilustrado, aportando su particular estilo a cada proyecto. Ahora, su universo visual se expande al terreno literario con una historia que combina realismo mágico, aventuras y una profunda exploración de la identidad y la imaginación.
La novela, que nació de bocetos y dibujos que realizaba en su tiempo libre, se gestó a lo largo de los años hasta convertirse en una obra narrativa completa. La concesión de una beca del Ministerio de Cultura fue determinante para que Llorca pudiera dedicarle el tiempo necesario. Inspirada en sus lecturas de infancia y en su estrecha relación con el mar, la autora construye una historia donde la fantasía se convierte en el motor del relato. En esta entrevista, nos cuenta más sobre su proceso de escritura, sus influencias y sus planes de futuro en el mundo de la literatura.

¿Cómo fue el proceso de transición de la ilustración a la escritura?
Vaya por delante que esta novela es el resultado de un proyecto personal que se ha ido cocinando a fuego lento. Es decir, la he escrito con total libertad, sin los condicionantes que los encargos suelen conllevar. Cuando empecé a escribirla, el único compromiso lo tenía, en primer lugar, conmigo misma y, en segundo lugar, con el Ministerio de Cultura, pues me fue concedida una beca a la creación literaria.
Me presenté a esta beca casualmente, pues no estoy al tanto de concursos ni ayudas, pero vi un anuncio de la convocatoria en Instagram. ¡Sí, en Instagram! Yo tenía escrito el comienzo de una historia—apenas unas treinta páginas inéditas—en la que Escafi y Fosca eran las protagonistas. Había empezado a escribirla motivada por el mismo deseo que siempre me ha impulsado a querer dibujarlas: por el mero placer de hacerlo. Pero las obligaciones laborales y los cuidados domésticos, lo que viene siendo el día a día, suelen llevarse mal con los proyectos personales, así que estaba guardada en un cajón.
Sea por la razón que sea, no tenía ni idea de cómo continuar esa historia ni mucho menos cómo acabarla, pero pensé que quizá, beca en mano, encontraría el modo de hacerlo. Elegí presentarme a la categoría de novela juvenil porque tuve el presentimiento de que sirviéndome de Escafi y Fosca, la cosa podría salirme bien y así ocurrió.
Fue una suerte que me concedieran la beca, pues se presentaron muchos escritores con trayectorias ya consolidadas. Yo, por el contrario, a excepción de un librito de relatos que prácticamente no conoce nadie, no tenía nada publicado en narrativa. Para acceder a estas ayudas es necesario tener obra ya publicada.
Quizá, para quien lea esto y no me conozca, pueda resultar chocante la elección de este género; la narrativa de ficción juvenil, pero la verdad es que yo nunca he dejado de inventarme historias. Tanto mi ahijada, que de pequeña estaba enganchadísima a las historias de fantasía que me inventaba para ella, como mi hijo, con el que he tenido la suerte y el placer de jugar muchísimo, pueden dar fe de ello.

¿Siempre habías tenido el deseo de escribir una novela?
Creo que de forma inconsciente, sí.
Ahora, viéndolo desde cierta distancia, diría que empecé a escribir esta novela en el momento en que dibujé por primera vez a Escafi y Fosca, lo que ocurre es que por aquel entonces yo aún no lo sabía. Esos dibujos no eran aleatorios, tenían una secuencia, narraban una historia…
Y aunque fácilmente los personajes de Escafi y Fosca podían haber acabado teniendo otro destino: aparecer en un álbum ilustrado, un cuento, quizá un cómic…, la verdad es que sentía—por supuesto sin desmerecer ninguna de esas posibilidades—que se merecían algo realmente ambicioso. En cualquier caso, recibir la beca fue determinante para que yo me pusiera a ello.
¿Cómo influyó tu infancia y tu entorno en la construcción del universo de Escafi y Fosca?
Mi infancia ha influido en tanto que lo han hecho mis lecturas de aquella época. Recuerdo devorar los libros de Los Mumin de Tove Jansson que había en la biblioteca de mi colegio con absoluto entusiasmo. Disfrutar muchísimo leyendo a Michael Ende y Frank Baum o Carroll, pasármelo genial con las historietas de Bermudillo, el genio del hatillo, viendo películas como Laberinto o Cristal Oscuro. Todos esos libros y películas me marcaron muchísimo y a día de hoy continúo disfrutándolos con la misma emoción.
En lo que respecta al entorno físico, es muy probable que, si en lugar de nacer y vivir en una isla lo hubiera hecho en un pueblo minero, habría dibujado para Escafi un casco de minero con el que «bucear» en su interior y no una escafandra.
Y luego está esa relación con el mar, tan presente durante toda la novela… Ese componente acuático, neptuniano, fuertemente ligado al subconsciente, otorga a la historia una atmósfera de ensoñación.

¿Visualizas primero las escenas y después las describes o la narración fluye sin necesidad de bocetos previos?
Cuando decidí ponerme manos a la obra me centré en unos pocos de los dibujos de Escafi y Fosca que ya tenía. Cuatro en concreto: Escafi sin reconocerse en un espejo, Escafi partiendo con Fosca hacia no se sabe qué lugar, Escafi y Fosca en una especie de meteorito con una serpiente negra (bilis negra) amenazando el equilibrio de ambas, y la imagen de Escafi contemplando a un hombre ataviado con una armadura durmiendo bajo un árbol.
Con esas cuatro imágenes elaboré un croquis muy rudimentario en unos ocho Din A3 que consistía en una línea temporal marcada con rayitas acompañadas por dos o tres palabras y algún dibujito muy esquemático. Esas rayitas eran algo así como un fotograma clave.
Entonces me sentaba delante del ordenador y empezaba a justificar esas tres palabras—escogidas de manera intuitiva—tirando de imaginación, con diálogos entre las protagonistas, con descripciones del lugar…
¿Cómo ha influido tu experiencia en estos formatos en la manera en la que abordaste la escritura de la novela?
Independientemente del formato, ilustrar es reflexionar sobre aquello que se lee, extraer tus propias conclusiones al respecto y plasmarlas sobre el papel a través del dibujo desde una perspectiva que en el mejor de los casos debería pretender aportar algo nuevo.
Para mí escribir es lo mismo; reflexionar sobre aquello que se observa con los cinco sentidos muy despiertos, bien puede ser el mundo que nos rodea o el mundo interior de cada uno, como es mi caso, y crear nuevas imágenes a través de la palabra escrita para irlas engarzando sobre el papel.
De hecho, ilustración y escritura son análogos, pues comparten los mismos recursos literarios.
Max Aub dijo: «Escribir es ir descubriendo lo que se quiere decir». Sí, para mí es exactamente eso, porque del mismo modo concibo la ilustración. Las ideas siempre surgen mientras voy dibujando o escribiendo, nunca hay un plan previo.
¿Tienes en mente seguir explorando la escritura en futuros proyectos o sientes que esta incursión ha sido una excepción dentro de tu trayectoria como ilustradora?
Mientras pueda, defiendo poder servirme de la imaginación siempre que sea posible, ya sea a través del dibujo o de la palabra. Así que seguiré escribiendo. De hecho, tengo bastante avanzada la segunda parte de Una aventura entre el mar y el cielo. El extraordinario viaje de Escafi y Fosca.
Me temo que la flecha envenenada de la escritura me ha alcanzado de lleno y ya no hay nada que yo pueda hacer para remediar el encantamiento. Como diría Fosca: «¡Qué brujería más mala es esta cosa de la escritura! ¡Ja, ja, ja!»