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Héctor Seoane: «Cada obra es un universo diferente»

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Héctor Seoane, ganador del Premio Recvll de Teatro 2025 por su obra Don’t touch the siurell, reflexiona sobre su proceso creativo y su carrera en ascenso. El dramaturgo mallorquín, conocido por piezas como Bad Moon y La Compostura, explora en su nuevo trabajo temas como la memoria, la resistencia y la pérdida a través de un escenario sencillo pero cargado de significado.


Palma, 2 de abril de 2025.- El dramaturgo y actor Héctor Seoane ha sido galardonado con el Premio Recvll de Teatro 2025 por su obra inédita Don’t touch the siurell. Este reconocimiento se suma a una carrera en ascenso que comenzó con Bad Moon (2022), pieza que le valió premios importantes como el Ciutat de Palma «Margaluz» de Artes Escénicas 2023 y el ATAPIB 2023 a la mejor dramaturgia, además de ser candidata a los Premios Max 2024 en las categorías de autoría revelación y espectáculo revelación.

En Don’t touch the siurell, Seoane aborda temas como la memoria, la resistencia y la pérdida a través de un escenario aparentemente sencillo: un banco de hierro en las afueras de un pueblo. A partir de este espacio cotidiano, los personajes exploran la erosión del paisaje y el impacto de las decisiones urbanísticas sobre la memoria colectiva. En esta entrevista, Seoane reflexiona sobre su proceso creativo, la importancia de las residencias artísticas y sus expectativas de futuro.

Enhorabuena por recibir el Premio Recvll de Teatro por «Don’t touch the siurell». ¿Cómo surgió la idea de esta obra y qué significó para ti obtener este reconocimiento?
Muchas gracias.
La idea viene de la residencia de escritura dramática que realicé en el Teatre del Mar durante la segunda mitad del 2024. De allí nace la idea embrionaria de La bona alumna, un texto que, después de esa residencia, acaba evolucionando y convirtiéndose en Don’t touch the Siurell.

Obviamente, cuando uno escribe, en este caso literatura dramática, no lo hace pensando en ningún premio, sino en que el texto pueda algún día ser representado. Ese es el fin, al menos para mí, y el deseo a la hora de escribir para el teatro. Ganar el premio Recvll fue una sorpresa y un orgullo enorme, especialmente por la historia de estos premios literarios, que son de los más antiguos en lengua catalana. Ver mi nombre junto al de autores como Carme Riera o Maria Antònia Oliver en narrativa, o Joan Guasp y Alexandre Ballester en teatro, me llena de orgullo, la verdad.

«Don’t touch the siurell» se ambienta en un banco de hierro a las afueras de un pueblo y explora temas como la memoria, la resistencia y la pérdida. ¿Qué te llevó a elegir ese escenario y esos temas tan concretos para desarrollar la obra?
En realidad, quería escribir la historia pequeña y concreta de dos personajes de mediana edad que son amigos de la infancia y que se enfrentan a sus propias emociones tras la venta de la antigua fábrica textil de la familia de uno de ellos. A partir de ese hecho concreto se desarrolla todo lo demás, tocando la cuestión del territorio, y más concretamente, la erosión del mismo.

Pero los grandes temas vienen después. No escribo pensando en abordar un tema importante, sino en las relaciones de los personajes, en lo más concreto y pequeño que hay entre ellos. La obra habla de memoria, resistencia, pérdida, pero también de amistad y amor. Todo esto se muestra desde la perspectiva de ese banco de hierro que aún queda allí, desde donde los personajes observan cómo la fiebre urbanística y sus propias decisiones erosionan el paisaje y entierran la memoria de un pueblo bajo toneladas de cemento.

Durante la residencia de escritura dramática en el Teatre del Mar colaboraste con Alfonso Plou, Carme Planells y Naira Yerobi. ¿Qué aportaron estas colaboraciones al proceso creativo de «Don’t touch the siurell»?
El entorno de trabajo, sobre todo. Eso es lo más importante de una residencia. Saber que cuentas con un grupo de personas dispuestas a escucharte y darte sus puntos de vista a medida que escribes. Ese apoyo es fundamental para escribir con tranquilidad.

En una residencia tienes plazos, reuniones periódicas que marcan el ritmo y un equipo que te da feedback. En este caso, se generó una dinámica muy positiva de trabajo. No se trata de supervisores que juzgan o corrigen tu trabajo, sino de compañeros con los que analizar y proponer caminos por donde continuar. Escribes solo, pero no estás solo.

Tu obra anterior, Bad Moon, recibió varios premios y fue candidata a los Premios Max. ¿De qué manera influyeron esos reconocimientos en tu evolución como dramaturgo y en la creación de esta nueva obra?
Los reconocimientos siempre son motivo de alegría, sobre todo porque nunca te los esperas. Pero no creo que influyan en la dramaturgia, o al menos no deberían hacerlo. Cada obra es un universo diferente.

Lo que sí creo que influye es la formación constante. Soy el eterno estudiante. Siempre que tengo un par de semanas libres, me apunto a un nuevo curso de dramaturgia. Ahí es donde encuentro las influencias, en el entrenamiento y el trabajo constante, no en los reconocimientos.

La Compostura, tu segunda obra, se estrenará en junio en el Teatre Principal de Palma. ¿Qué diferencias encuentras entre el proceso de creación de «Don’t touch the siurell» y el de tus anteriores trabajos?
La diferencia principal es que Bad Moon fue escrita durante la pandemia, en un proceso que se extendió casi dos años. Fue un proceso con muchos miedos y dudas, sin el entorno de trabajo que ofrecen las residencias.

En cambio, tanto La Compostura como Don’t touch the siurell fueron escritas en residencias de escritura dramática. La Compostura fue escrita en cinco meses, bajo la tutorización de Alberto Conejero. Los miedos eran distintos, en ese caso relacionados con las expectativas tras el éxito de Bad Moon y con la temática personal de la obra, que toca temas como la migración o la pérdida de la madre.

Con Don’t touch the siurell, la confianza fue mayor porque ya había pasado por el proceso de escribir una obra en cinco meses. Aunque la historia habla de pérdida y desesperanza, la escribí desde la felicidad y la tranquilidad que proporciona un equipo de trabajo que apoya y acompaña.

¿Qué objetivos o deseos tienes a futuro como dramaturgo y actor? ¿Te gustaría explorar otros géneros o formatos teatrales en tus próximas obras?
El mayor deseo es que las obras estrenadas y por estrenar tengan una vida larga y muchas funciones. Hablo de Desbarats en el Teatre Principal de Palma, Roomies en el Teatre de Barra, La Compostura que se estrenará en junio, La reina dels embulls que aún no ha despegado, y Bad Moon, que se podrá ver en Palma por última vez en mayo y junio en el Teatre del Mar, antes de su temporada en el Teatre Eòlia de Barcelona entre octubre y noviembre.

Como dramaturgo, estoy trabajando en un nuevo texto y deseo que Don’t touch the siurell llegue a los escenarios. En cuanto al género, no tengo ningún objetivo concreto, porque generalmente no sé qué género tendrán las obras hasta que empiezo a escribir.

También tengo el deseo de volver al monólogo algún día, pero esta vez disfrutando de escribirlo, no padeciéndolo como ocurrió con Bad Moon. Me gustaría escribir un monólogo para una actriz.

El futuro para mí consiste en seguir formándome, escribiendo y, sobre todo, disfrutando del proceso.

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